Padre Luis Pujol, cmf

El P. Luís Pujol, nace en Taradell, Barcelona, hijo de Segismundo Pujol Blancafort y Vicenta Tordera Clapera, el último de los ocho hijos que tuvo el matrimonio. A los 12 años ingresa como postulante en Vic en el convento de los PP del Corazón de María. Es ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1927 en San Juan de Letrán por el cardenal Pompily y la primera misa en el mismo lugar el día 18, acompañado por el Padre Suñer, cmf.
Como servidor de la Palabra se dedicó al estudio, oración y difusión de la misma con gran amor y entusiasmo. Estudió Sagrada Escritura en Roma y completó sus estudios en Tierra Santa. Desarrolló su labor misionera en distintas parroquias, tandas de Ejercicios, como profesor y publicación de varias obras.
Muere en Vic el 8 de mayo de 1976.
 
Fue un hombre enamorado de su vocación misionera y  claretiana, desde esta experiencia personal fundó las Misioneras de la Institución Claretiana.
Vivió de forma intensa la confianza en la providencia, se sentía guiado por la mano amorosa de Dios, contagiaba con su entusiasmo multiplicando así  los agentes de Evangelización.
Conocedor profundo de la persona humana, escribió: “lo mejor de cada persona es su capacidad de amar”.
Concretaba su amor a la Iglesia procurando una ordenada  cooperación con los diversos institutos religiosos y clero diocesano, según directrices pastorales del Prelado del lugar.
El papel de los laicos era desafiante para el Padre Pujol  entendiendo que la edad moderna necesita nueva evangelización, y ser transformada desde dentro, el primer medio de evangelización es el testimonio  de vida

Su vida espiritual era muy intensa,

  • un gran amor a Dios  Padre, siempre repetía, Padre os ama,
  • una unión muy íntima con Jesucristo
  • una gran confianza en la acción del Espíritu Santo
  • una tierna relación filial con su Madre la Virgen María
  • un gran devoto de San José.
El Padre Pujol fundamentó su vida en una fe expresada y definida de esta forma: Creer es: obrar, pensar, sentir hondamente  de un modo conforme a la manera de Cristo primero y después de los apóstoles, han obrado, pensado y sentido.
De espíritu de entrega y trabajo. El  amor al trabajo lo descubrió desde sus primeros años de vida en la familia.
El amor al Padre le llevaba a buscar su voluntad y a interpretar los signos de los tiempos en el deber de día a día.  A menudo repetía: “No os canséis de hacer el bien. Si las cosas son difíciles hemos de tener constancia y no desfallecer”.